Hablar de Pedagogía no siempre tiene que ver con un punto de vista teórico determinado, donde la definición del currículum o la orientación a la cual se encuentra adscrita la opinión de quien se arriesgue a comentar en este tema, es -en definitiva- lo más trascendente; si acaso sea más conveniente asumir esta área desde la forma o desde el fondo, teniendo en cuenta que la discusión acerca de estos dos conceptos ya es una empresa compleja; o que hablar de pedagogía supone la polarización academicista de quienes desarrollan el tema desde el mundo de la universidad, que lo trabajan desde la visión que entrega el ministerio, o desde la mirada u opinión que se pueda tener desde un establecimiento, sea este particular, subvencionado o municipalizado. Quizás, lo heterogéneo de las situaciones y sus diferencias, pongan habitualmente más dificultades que ventajas a la hora del tan necesario debate frente a la incógnita de la educación en nuestro país.
En el presente artículo, queremos comentar el otro hecho, la génesis de la pedagogía como un acto de vocación, como un llamado que surge desde la interioridad de cada uno y que ha posibilitado un vuelco extraordinario en las postulaciones a carreras universitarias, por ejemplo, situación impensable hasta no hace mucho en nuestra realidad, ya que la carga connotativa de los significados de la labor del profesorado se inclinan casi siempre a lo negativo de esta noble profesión.
En su sentido etimológico, pedagogía significa "conducir a los niños", y aunque en el tiempo de los romanos ya se utilizaba el término, no designaba lo que actualmente se conoce de esta palabra. Quizás, la primera visión que tengamos acerca de la educación, sea la de Sócrates rodeado de sus discípulos, y entre este grupo, seguramente imaginaremos al más conocido: Platón. Más tarde, Jesús, con su inimitable estilo, haría lo propio, inaugurando el Cristianismo. Su imagen, en lo alto de una colina, rodeado de una multitud ansiosa de escuchar sus palabras, es un referente clásico para quienes pensamos o intuimos que la labor pedagógica, es también una forma de hacer algo concreto por los otros, es una forma de entrega que supone el compromiso de un humanismo integral y de profunda raíz, por quienes se encuentran en una etapa de formación y de aprendizaje.
Pero esta visión clásica, homérica, no siempre tiene eco en la realidad de cada día, donde a menudo escuchamos a los profesores en sus eternos reclamos en contra de los alumnos de hoy, o a éstos últimos, disparando sobre sus profesores con ácidas y virulentas críticas, es más, es muy común -también-, escuchar a colegas descalificando la labor de otros colegas, sin pensar en la diferencia de las asignaturas, los contextos, conceptos, formación, etc…
Creemos que es momento de re-pensar el actual estado de cosas, toda vez que la propia realidad, nos "ha enseñado" que: uno, el tema de la vocación es un tema decisivo y valiosísimo, de acuerdo al contexto de desprestigio en el que se encuentra el profesorado, y dos, el aprendizaje, que como aspecto de vida, es algo que acompaña al hombre hasta el minuto mismo de su muerte. Veamos estas dos ideas más In Extenso.
Para demostrar lo primero baste el siguiente experimento: vaya al espejo de su casa, e imagínese, padre o madre, en el preciso instante de cuando su hijo o hija, le confiesa que su deseo mayor en la vida, es estudiar alguna pedagogía. Bien, ya lo hizo; piense ¿cuál fue su reacción?. Puedo aportar algunos detalles, cuando yo se lo confesé a mi madre, la primera reacción fue positiva, hubo apoyo de inmediato, oh!, una omisión, mi madre es una profesora de aquellas que por una situación puntual familiar, ejerció muy poco, y sí!, para ella la pedagogía es un espacio de libertad azul, como todos los ensueños. Otro detalle, cuando les informé a mis tíos o, mi padre se enteró de la última de mis travesuras, sobre mi rostro cayó un arsenal de consejos relativos a la existencia de una amplia gama de carreras más atractivas, de mejor desarrollo profesional, y -sobre todo- mejor remuneradas.
La hermana mayor de mi padre, mi tía y madrina, persona de importante influencia en mi vida, quien es profesora egresada de la mítica Escuela Normalista Abelardo Núñez, que logró titularse en una época absolutamente hostil a la mujer como profesional, me aconsejó que lo pensara mejor, que la vida del profesorado era precaria, que la necesidades, que la existencia, etc…
Reconozco haber repensado el tema de la elección, pero he ahí que salió como conclusión, una convicción todavía más decidida. En fin, a principio de los noventas, las cosas eran algo distintas a como son hoy. Recuerdo que en casa de muchos amigos, escuché opiniones muy pesimistas acerca de mi decisión.
Al momento del ingreso a la universidad, me encontré con un espacio muy bullente, ruidoso, en síntesis, me dije "le achunté preciso". Mis compañeros eran totales, los profesores eran totales, uf!, ya no podía más con tantas emociones nuevas. Un detalle, algunos profesores nos miraban como fracasados, porque, de acuerdo con la lógica habitual, éramos estudiantes cuyos puntajes de prueba de aptitud académica no habían estado a la altura de carreras top, como derecho, medicina, psicología, periodismo, o alguna ingeniería. Debo hacer la observación que en muchos de mis compañeros, jamás vi dibujada la mueca de: "caramba, no me alcanzó para otra cosa". No!, es más, varios de aquellos compañeros demostraban en sus actitudes, convicciones y ganas a toda prueba.
Las circunstancias históricas por las que ha atravesado este país, han dejado una percepción negativa acerca de lo que significa el ser profesor, por ejemplo, no hace mucho un fotógrafo me confesaba: "es que antes, los profesores estaban muy mal (económicamente hablando, eso sí)", y todos sabemos aquello de: "dime cuánto ganas, y te diré cuánto es lo que importas"; en suma, el factor de las cantidades, pesaba mucho, al minuto de la opinión a priori. Por lo mismo, se hace visible que no se recuerde que desde el mundo de la pedagogía han resultado ilustres personalidades para nuestra vida nacional, una premio nobel, presidentes de la república, importantísimos intelectuales de validez mundial; sin mencionar que importantes médicos, científicos, ingenieros, arquitectos, fueron también, alguna vez alumnos, y muchos de ellos, realizaron labores de docencia, etc., etc…
El porrazo me lo entregó la realidad. En efecto, cuando egresé, pude ver muchas cosas negativas -y, aún las sigo viendo-, a propósito de cómo están las cosas en educación, no siempre los colegios ofrecen todas las condiciones para estar tranquilo, a veces existen exasperantes complicaciones que nublan o ennegrecen el ánimo de quien llegue a esto. Pero, y he ahí la motivación mayor, siempre quedan inclinando las balanzas los estudiantes con su innegable deseo de abrir los ojos, de pestañear ante todo lo que les aparece en frente, el afecto desinteresado que son capaces de demostrar a quien les considere, aunque sea un poquito, ellos constantemente necesitando más, más tiempo, más esfuerzo, más dedicación. Entonces, todo vale, y el cansancio se gana, como premio, cada vez que concluye la jornada.
Creo que han sido ellos, los nuevos aires de esta sociedad, los que nos han enseñado lo trascendente de esta función; hace años, un director muy visionario y de profunda convicción hacia la labor docente, me señalaba una encuesta en la que los profesores eran nombrados como la instancia de mayor credibilidad en la vida de los jóvenes, datos obtenidos por una encuesta hecha hacia el año 1999. Cuatro años después, son los jóvenes quienes nuevamente alzan la voz en un gesto inusual y sorpresivo, para lo acostumbrado en materia de postulaciones a carreras universitarias, situando a las pedagogías como las elecciones de mayor porcentaje, y -de paso- subiendo los puntajes de ingreso.
Vamos ahora al punto dos, y fundamento de la lógica planteada aquí. Investigaciones recientes, nos hablan de que la vida en sí, es una situación de "aprendizaje" constante, es decir, cualquier persona, incluso en edad avanzada, es capaz de encontrarse en la dinámica del aprender. Estímulos nuevos, contextos afectivamente atrayentes y motivadores, determinan la predisposición hacia la receptividad; los aportes de Goleman, por ejemplo, propuestos en el marco de las "inteligencias múltiples", derriban el fantasma despótico del coeficiente intelectual como una circunstancia de privilegio para una enseñanza óptima, y le asignan a la inteligencia "emocional" un factor absolutamente decisivo, un rol fundamental para el desarrollo humano, y un cambio en lo que habitualmente se planteaba, realizándose un enroque en la perspectiva educativa, pasando a un estado de aprendizaje-enseñanza, donde el énfasis se ubica sobre la adquisición de capacidades nuevas o de la potenciación de las habilidades que ya tiene el alumno.
La actual pedagogía, como ciencia se debate entre un optimismo creciente y una especie de disglosia, es decir, de no correlación con la realidad, porque si bien es cierto, los defensores y apoderados de la reforma se encuentran en el clímax de la empresa de consolidación del proyecto, a poco andar ya se habían dado cuenta de algunas fisuras en el casco de esta embarcación y han bregado duramente por hacer las reparaciones necesarias. Todas las buenas intenciones, en todo caso, en muchas ocasiones, se quedan –lamentablemente- en eso, porque el profesor todavía padece con su ajetreo cotidiano –aunque muchos sostengan que ya no hay de qué quejarse-, soportando ruidos que van más allá de lo aconsejable, sobreviviendo, como decía Nicanor Parra “a las quinientas horas semanales”, etc., ya sabemos que la profesión es la segunda en el ránking de las más estresantes –sólo los ¡choferes de micro!, consiguen superarnos-.
A todas luces, ésta, es una tarea infinita; nunca terminaremos de incorporar elementos nuevos a nuestra vida, nunca existiremos un solo día, sin que hayamos captado o reafirmado algo. Después de todo, la elección, en mi caso, se ha ido reafirmando a medida que pasa el tiempo, como si este cuento de hacer clases, enseñar, educar, etc., fuera el más entretenido, y al mismo tiempo, el más trascendente de todos los juegos.
Sunday, June 25, 2006
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